Dolor crónico: conocer sus mecanismos para empezar a mejorar

Llega un paciente a consulta con una carpeta llena de estudios. Pasó por varios profesionales y todos le dijeron lo mismo: está todo bien. Pero el dolor sigue ahí, hace meses, a veces años.

Es una de las situaciones más frecuentes entre quienes consultan por dolor crónico, y de las que más angustia generan, porque la persona no termina de entender qué le pasa.

Cuando el dolor deja de ser una señal de lesión

Se habla de dolor crónico cuando persiste más de tres meses. En muchos casos, a esa altura los tejidos ya sanaron, y aun así el dolor continúa.

La idea central es que dolor no siempre es igual a daño. El cerebro recibe información de los tejidos, la filtra, la interpreta junto con todo lo que sabe de la situación y evalúa cuán seguro está el cuerpo. El dolor aparece cuando concluye que hace falta protegerlo.

El sistema nervioso también aprende, y cuando el dolor se prolonga puede quedar más sensible y responder ante estímulos que antes no molestaban. Por eso, cuando los estudios son normales, puede haber una alteración en el procesamiento del dolor aunque los tejidos estén en buen estado.

Eso no quiere decir que el dolor sea imaginario. El dolor es siempre real, aunque no haya una lesión que explique su intensidad.

En la forma en que el sistema nervioso procesa el dolor influyen muchos factores además de la región que duele, por ejemplo el descanso, las experiencias previas con el dolor, el contexto de vida o cuán vulnerable se siente la persona en ese momento. Y con frecuencia el dolor persistente se acompaña de sueño de mala calidad, dificultad para concentrarse, olvidos o irritabilidad.

El círculo que lo mantiene

El dolor genera miedo a moverse (en la literatura se lo llama kinesiofobia). Ese miedo lleva a moverse menos, y moverse menos trae rigidez, pérdida de fuerza y desacondicionamiento físico. Con menos capacidad, cualquier esfuerzo cuesta más y vuelve a doler, lo que alimenta el miedo. La buena noticia es que se puede salir de este círculo.

Entender el dolor también modifica el dolor

Las guías de práctica clínica de mayor calidad sobre dolor musculoesquelético recomiendan educar a la persona y promover la actividad física y el ejercicio.

La educación en neurociencia del dolor consiste en explicar, con lenguaje simple, los mecanismos del dolor de cada persona. No hace falta saber fisiología para comprenderlo. Buena parte del trabajo es revisar creencias muy instaladas, como que moverse puede dañar una zona que duele o que si duele es porque algo se está “rompiendo”.

Cuando la persona entiende lo que le pasa, el miedo a moverse empieza a ceder, y ese miedo es uno de los principales obstáculos para recuperarse. Por eso la educación va de la mano con el ejercicio terapéutico. En mi experiencia, combinar las dos es de gran ayuda.

La lectura de la medicina china

La medicina china aporta otra lectura, desde su propio marco teórico. Relaciona la región del dolor con los canales o meridianos que la recorren, y evalúa a la persona completa a través de la toma de pulsos, la observación de la lengua y los Zang Fu, los órganos internos y vísceras con los que este sistema organiza la relación entre el estado general, el descanso, lo emocional y los síntomas físicos.

En mis tratamientos, esa lectura funciona en paralelo con la evaluación kinésica, y a partir de ella se seleccionan los puntos de acupuntura que serán parte del esquema de tratamiento.

Un abordaje basado en tres pilares

Mi abordaje del dolor crónico se fue construyendo con los años: a mi formación como kinesiólogo le sumé la acupuntura y la medicina china, la indicación de ejercicio terapéutico y, más recientemente, la educación en neurociencia del dolor. Hoy se apoya en tres pilares.

La educación, para que la persona comprenda su dolor. El ejercicio terapéutico, adaptado a cada momento: cuando el dolor es intenso, caminatas progresivas y ejercicios de movilidad; cuando empieza a ceder, un plan de fortalecimiento con exposición graduada a las cargas, para recuperar fuerza, resistencia y movilidad, y para que el sistema nervioso vuelva a aprender un movimiento que había dejado de considerar seguro. Y la acupuntura como tratamiento analgésica y antiinflamatoria.

En la práctica, la acupuntura suele ayudar a disminuir el dolor y a mejorar el descanso. Ese período con menos dolor es el que aprovecha el ejercicio terapéutico, y moverse con menos molestia refuerza lo que se trabaja con la educación del paciente.

Ninguno de los tres rinde igual por separado. Un tratamiento que se aplica sin que la persona comprenda lo que le sucede ni recupere el movimiento, suele dar solo alivios momentáneos.

Un proceso que requiere adherencia

Los tiempos no son de días. En consulta lo veo todas las semanas: quienes buscan entender su dolor y sostienen el plan terapéutico de manera activa y constante suelen recuperarse antes. Esa actitud se aprende, y se construye en conjunto con el profesional, a través de un proceso, con avances que no siempre son lineales.

Los resultados suelen ser favorables, aunque varían de una persona a otra. Comprender cómo funciona el dolor desde la neurociencia cambió la forma de abordarlo, y a quienes trabajamos con dolor nos exige actualizarnos y darnos el tiempo de explicarle a cada persona lo que le está pasando.

Para quienes conviven hace meses o años con dolor crónico, entender su propio dolor es la base del tratamiento y abre una posibilidad terapéutica que todavía no habían explorado.

Referencias

  • Lin I, Wiles L, Waller R, Goucke R, Nagree Y, Gibberd M, Straker L, Maher CG, O'Sullivan PPB. What does best practice care for musculoskeletal pain look like? Eleven consistent recommendations from high-quality clinical practice guidelines: systematic review. British Journal of Sports Medicine. 2020;54(2):79-86.

  • Moseley GL, Butler DS. Fifteen years of explaining pain: the past, present, and future. The Journal of Pain. 2015;16(9):807-813.

Lic. Marcos Forcillo

Kinesiólogo, M.N. 13.958 · Medicina Tradicional China y neurociencia del dolor

Me apasiona la biología humana y profundizar en distintos temas de salud. Eso me lleva a reflexionar, escribir y compartir lo que voy investigando.
Palermo, CABA.

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